Tierra (II)
Llevaba un par de horas bajo el omnipresente sol observando aquel extraño animal. En un principio pensó que se trataba de un ave de esas atrofiadas que no podían volar, tan típicas de Australia. Pero la imposibilidad geográfica y el hecho de que el animal se hubiese puesto a cantar le hicieron desechar la idea. No conocía ningún animal que cantase ópera clásica. Aida en concreto. Y eso mientras cavaba de forma diligente en el suelo. . Era el primer ser animado que veía desde hacía días. Había aparecido cuando la luz del sol y el calor se habían vuelto insoportables para seguir durmiendo. Con un andar patoso y bamboleante, había pasado delante suya sin inmutarse. Herido en su antropocentrismo, lo miró desafiante. Cuando vio que el animal se paraba 20 metros más adelante se acercó, todavía desafiante, para ver qué hacía. Entonces la cosa aquella comenzó a cantar. . Había escuchado interpretaciones de Aida más virtuosas. Es bastante probable que Verdi no la hubiese compuesto pa...